Económico

El 24 de octubre de 1929 se produce el crac en la bolsa de Nueva York. Los valores bursátiles se devalúan. La bolsa de Nueva York es el principal foco de especulación del mundo. La venta de acciones especulativas arrastró a las demás, e hizo la crisis irreversible. Los especuladores se arruinan. Eran muchos, incluso personas normales, los que tenían sus ahorros especulando en la bolsa. Los bancos quiebran y faltan capitales para la industria; y todo ello de repente. El miedo detiene la inversión, el paro aumenta, los preciosconsumo se contrae, sobre todo el de los productos industriales. Los precios industriales también caen, y la superproducción producía deflación de los precios al consumo, pero las compras eran aún menores. El consumo desciende. caen y se descapitaliza la banca, con lo que no se pueden pedir créditos. El

El detonante principal fue, en realidad, la caída de los precios agrícolas del comercio internacional, y las restricciones del crédito. El patrón oro, para el valor de las monedas, dejó de tener sentido, y dejó de ser un sistema capaz de solucionar los problemas. Las economías no dependían ya del oro, sino de la capacidad industrial y de la posibilidad de hacer negocios y ganar dinero.

Grupo de desempleados.

Grupo de desempleados.

La crisis estalla en EE UU pero rápidamente se exportará, mediante el abaratamiento de los costes de transporte y de los productos en el mercado internacional, con lo que a cualquier país extranjero le resulta más barato comprar productos estadounidenses a bajo precio que fabricarlo. Pero esta exportación de la crisis tiene un efecto rebote de retroalimentación, puesto que los países que entran en crisis también bajan sus precios y ponen en el mercado internacional productos más baratos que los estadounidenses, con lo que la crisis vuelve a Estados Unidos, y multiplicada. Los focos depresivos llegaron a estar extendidos por todo el mundo, pero sobre todo fue Alemania en donde se produjo una hiperinflación más acusada, ante la ausencia de inversión y los altos tipos de interés, que descapitalizaron toda la industria.

La inversión en los países devastados por la guerra mundial procedía de Estados Unidos, pero esta disminuyó con la crisis. Los EE UU intentaron hacer frente a la crisis cobrando los beneficios. Este fue otro mecanismo de exportación de la crisis, y afectó más violentamente a Alemania, ya en crisis, que a otros países.

El estallido de la crisis obligó a los gobiernos de todo el mundo a adoptar medidas proteccionistas, como subir los tipos de interés y los aranceles, lo que terminó por afectar a EE UU en el retorno de la crisis. Se devaluó la moneda en casi todo el mundo.

La crisis supuso, también, el fin de la emigración, sobre todo el fin de la emigración americana. Otra consecuencia fue la sustitución de las manufacturas, que antes se importaban, por productos nacionales. Había que estimular el consumo interno. Con estas medidas se reduce el comercio internacional.

En 1931 la crisis financiera es definitiva, y muy profunda, debido a los efectos acumulados de la crisis, y se empiezan a tomar medidas para salir de ella. En Gran Bretaña su ministro de economía JohnPronunciado /yon/ Keynes renuncia definitivamente al patrón oro, ejemplo que siguen la mayoría de los países del mundo, y el Estado se hace intervencionista en economía, aumentando el gasto público. Es el keynesianismo, una política que sacará de la crisis a toda Europa, y gran parte del mundo. El aumento del gasto es la única manera de salir de la crisis, y en los EE UU se lanza la New-Deal, o el aumento del gasto privado por medios propagandísticos. A partir de entonces el valor de la moneda y la economía dependerá de la confianza de los inversores en el sistema productivo, y en la posibilidad de hacer negocios en el país.

La recuperación de la inflación y de los capitales es muy lenta, y no se invierte la tendencia hasta 1933, aunque los efectos de la crisis llegarán hasta 1939 y el comienzo de la segunda guerra mundial.

La recesión actual podría hacer que aumenten los suicidios, temen los especialistas estadounidenses de la Salud Pública, que evocan el espectro de la crisis de los años 1930 y su seguidilla de dramas humanos.

La muerte el martes de Thierry de la Villehuchet, un inversor francés que puso fin a su vida en Nueva York tras verse arruinado por el fraude de Bernard Maddoff, volvió a generar el miedo de una ola de suicidios en Wall Street, como consecuencia del “jueves negro “, que por otra parte es más mito que realidad.

“En períodos de recesión, el índice de suicidios tiende a aumentar. Esto se vio en 1929 y en los años que siguieron”, observó Ron Maris, ex director del Centro sobre Suicidios en la Universidad de Carolina del Sur. Las líneas de teléfono “SOS suicida” se han visto rebasadas en los últimos meses.

“Comprobamos un aumento del número de llamados”, dijo Marshall Ellis, de la asociación CrisisLink que cubre la región de Washington y recibe por término medio 2.300 consultas al mes.

En octubre, justo después del principio de la crisis provocada por la quiebra del banco Lehman Brothers, el número de llamados a CrisisLink sufrió un aumento de 132% con relación a octubre de 2007, precisó. Sobre los cinco últimos meses, el aumento alcanzó 81%.

“La gente está angustiada por lo que pasa. Están desconectados (de la sociedad) y expresan su miedo”, observa Ellis. “Ciertas personas dicen que tienen miedo a perder su trabajo y otros explican que tienen cada vez más malestar sobre la poca posibilidad de encontrar trabajo”.

En 1929, la quiebra de la bolsa, el llamado “jueves negro” del 24 de octubre, dio lugar al mito del inversor que saltaba de un rascacielos para poner fin a sus días. Los periódicos de la época muestran de hecho que sólo dos de ellos se mataron en Wall Street en los últimos meses de 1929.

Hoy, como en aquella época, el salto al vacío queda sin embargo en segundo lugar entre los suicidios en Nueva York, con 40% del total, según Maris.

El propio Winston Churchill contribuyó a la leyenda. El futuro primer ministro británico, que se encontraba en Nueva York en el momento de la quiebra, dijo al Daily Telegraph en diciembre de 1929 que vio a un hombre arrojarse desde un piso 15. El desgraciado “quedó hecho añicos”, relató.

Es sin embargo verdadero que el índice de suicidios explotó en los años 1930, en una época cuando la crisis puso a un cuarto de los estadounidenses en el paro. Este índice alcanzó un pico en 1932, 21,3 cada 100,000, cerca del doble de 1920 (12,3 cada 100,000).

El índice de suicidios, calculado de otro modo hoy, era 11 cada 100,000 en 2005 (última estadística disponible según el Centro nacional de prevención de las enfermedades), una cifra globalmente estable desde principio de la década y que coloca a Estados Unidos en la media mundial, según Maris.

Es siempre difícil de establecer la causa de un suicidio. “Son múltiples”, recuerda el experto, que subrayó que los factores económicos tienden a debilitar a las personas ya vulnerables por otras razones (alcoholismo, toxicomanía, enfermedad).

Pero una baja súbita de rentas también puede jugar su papel.

“El dinero permite cuidar su depresión”, explicó Maris. “Podemos viajar y tenemos más relaciones con toda una multitud de allegados simplemente porque somos ricos”.

“Podemos sospechar que la gente que perdió mucho dinero presenta un riesgo”, añadió.

Por German Lizcano.

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