Editorial

marzo 15, 2009 - Escribir una respuesta

Estados Unidos presenta un endeudamiento extremo de caracter interno y externo, estos se producen porque los inversionistas norteamericanos, invierten todo el ahorro de su vida ya que, con poco dinero, se podían amasar grandes fortunas; estos comenzaban a comprar por medio de créditos, pero sin suficientes garantías ni medios para pagar; los agentes de préstamos acudían a su banco y entregaban las fichas de préstamos sin garantías. Tambien,una excesiva demanda y muy poca oferta provocó endeudamiento e inflación que hizo que los países tomaran medidas drásticas para cubrir su endeudamiento; los países europeos piden dinero, sobre todo a EE.UU. después de la guerra, debido a la reconstrucción. La deuda pública de Francia se multiplicó por 6’5, la de Gran Bretaña por 11 y la de Alemania por 27.

hubo un período de grandes convulsiones internas en casi toda Europa. En el imperio austrohúngaro y en países como Alemania, Rusia y Turquía, estallaron revoluciones que derrocaron a sus monarquías. En 1917 triunfó la revolución bolchevique en Rusia y se impuso el régimen comunista. Posteriormente, las dictaduras fascistas se adueñaron de Italia y Alemania.

El horror por las consecuencias de la guerra no sirvió para evitar, hacia mediados de siglo, la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), que tuvo consecuencias mucho más devastadoras que la anterior.

Los hechos mas importantes a nivel politico fueron:


Ideologías e imperialismo de los países europeos y Estados Unidos en la época de la preguerra; la Primera Guerra Mundial (1914-1918), el Tratado de Versalles; la Liga de las Naciones; la época de entreguerras, la crisis económica y la depresión mundial; totalitarismos: bolchevismo, fascismo, nacionalsocialismo y otras dictaduras;  la  URRS,  China  y  Japón;  la  Segunda  Guerra  Mundial  (1939-1945).  El  nuevo  ordenamiento mundial,  la  Guerra  Fría  y  la  reconstrucción  de  Europa;    coexistencia,  crisis,  confrontación  y  distensión durante  la  Guerra  Fría;  los  países  de  Europa  occidental  y  del  Este;  los  Estados  Unidos  de  América;  los movimientos de descolonización en Asia y África; la perestroika y el glasnost, la caída del muro de Berlíny  el derrumbe del socialismo europeo (1989).

Por Ricardo Rueda.

Social

marzo 15, 2009 - Escribir una respuesta

Muertos en una huelga.

Nos encontramos finalizando el siglo XIX y hasta la segunda década  del  siglo  XX,  Chile  se  encontraba organizado  polIticamente  bajo  un  régimen parlamentario, esto quiere decir que el Presidente de la República tenIa un poder disminuido frente al Congreso, quien removIa a los ministros a su antojo  entre  otras  facultades.  Todo  esto redundaba en la inoperancia del Estado para aplicar y mantener polIticas de mediano y largo plazo. Aunque más bien se trataba de un juego de intereses por parte de la oligarquIa que estaba en el poder.
En cuanto a la economIa el principal recurso que explotaba nuestro paIs era el salitre cuyos  yacimientos  se  encuentran  en  los territorios del norte, obtenidos producto de la guerra del PacIfico y que significaba una fuerte entrada  de  dinero  a  Chile  por  concepto  de impuestos aduaneros. Por su parte la agricultura seguIa    funcionando    sin    grandes     transformaciones desde la colonia, o sea con pocos  o  casi  nulos  avances  tecnológicos  y mejoras sociales. En cuanto a la industria, esta estaba  dando  importantes  avances  en  la mecanización de ciertos productos de acero como también de alimentos.

Por  otro  lado,  una  de  las  grandes transformaciones que se fueron suscitando a comienzos del siglo XX se observaron en el ámbito social. Se aprecia un fuerte crecimiento de  los  sectores  medios  donde  se  verán representados tanto comerciantes, profesionales
y militares. Sin embargo también se aprecian fuertes  desigualdades  hacia  los  sectores populares, quienes no obtenIan beneficios de la  bonanza  del  salitre,  por  el  contrario,  sus condiciones de vida fueron empeorando cada vez más. Esto provocó, por un lado que los obreros industriales y mineros se organizaran en sindicatos y otras organizaciones para exigir con mayor fuerza sus demandas, y por otro, se produjeron una serie de movilizaciones, huelgas

y protestas que culminaron en muchos casos con derramamiento de sangre. A eso se suma una fuerte migración hacia las ciudades, las que no contaban con la infraestructura para albergar grandes cantidades de personas generando hacinamiento e insalubridad.
Otro punto importante de mencionar es la modernización de los servicios urbanos, producida por el afán de progreso y crecimiento de las ciudades y reflejada, fundamentalmente, en la construcción de centrales hidroeléctricas que  permitieron  la  instalación  de  nuevo alumbrado público y tranvias. En conclusion nuestra segunda decada ha sido un golpe de huelgas.

Por Jaime Castro.

Económico

marzo 15, 2009 - Escribir una respuesta

El 24 de octubre de 1929 se produce el crac en la bolsa de Nueva York. Los valores bursátiles se devalúan. La bolsa de Nueva York es el principal foco de especulación del mundo. La venta de acciones especulativas arrastró a las demás, e hizo la crisis irreversible. Los especuladores se arruinan. Eran muchos, incluso personas normales, los que tenían sus ahorros especulando en la bolsa. Los bancos quiebran y faltan capitales para la industria; y todo ello de repente. El miedo detiene la inversión, el paro aumenta, los preciosconsumo se contrae, sobre todo el de los productos industriales. Los precios industriales también caen, y la superproducción producía deflación de los precios al consumo, pero las compras eran aún menores. El consumo desciende. caen y se descapitaliza la banca, con lo que no se pueden pedir créditos. El

El detonante principal fue, en realidad, la caída de los precios agrícolas del comercio internacional, y las restricciones del crédito. El patrón oro, para el valor de las monedas, dejó de tener sentido, y dejó de ser un sistema capaz de solucionar los problemas. Las economías no dependían ya del oro, sino de la capacidad industrial y de la posibilidad de hacer negocios y ganar dinero.

Grupo de desempleados.

Grupo de desempleados.

La crisis estalla en EE UU pero rápidamente se exportará, mediante el abaratamiento de los costes de transporte y de los productos en el mercado internacional, con lo que a cualquier país extranjero le resulta más barato comprar productos estadounidenses a bajo precio que fabricarlo. Pero esta exportación de la crisis tiene un efecto rebote de retroalimentación, puesto que los países que entran en crisis también bajan sus precios y ponen en el mercado internacional productos más baratos que los estadounidenses, con lo que la crisis vuelve a Estados Unidos, y multiplicada. Los focos depresivos llegaron a estar extendidos por todo el mundo, pero sobre todo fue Alemania en donde se produjo una hiperinflación más acusada, ante la ausencia de inversión y los altos tipos de interés, que descapitalizaron toda la industria.

La inversión en los países devastados por la guerra mundial procedía de Estados Unidos, pero esta disminuyó con la crisis. Los EE UU intentaron hacer frente a la crisis cobrando los beneficios. Este fue otro mecanismo de exportación de la crisis, y afectó más violentamente a Alemania, ya en crisis, que a otros países.

El estallido de la crisis obligó a los gobiernos de todo el mundo a adoptar medidas proteccionistas, como subir los tipos de interés y los aranceles, lo que terminó por afectar a EE UU en el retorno de la crisis. Se devaluó la moneda en casi todo el mundo.

La crisis supuso, también, el fin de la emigración, sobre todo el fin de la emigración americana. Otra consecuencia fue la sustitución de las manufacturas, que antes se importaban, por productos nacionales. Había que estimular el consumo interno. Con estas medidas se reduce el comercio internacional.

En 1931 la crisis financiera es definitiva, y muy profunda, debido a los efectos acumulados de la crisis, y se empiezan a tomar medidas para salir de ella. En Gran Bretaña su ministro de economía JohnPronunciado /yon/ Keynes renuncia definitivamente al patrón oro, ejemplo que siguen la mayoría de los países del mundo, y el Estado se hace intervencionista en economía, aumentando el gasto público. Es el keynesianismo, una política que sacará de la crisis a toda Europa, y gran parte del mundo. El aumento del gasto es la única manera de salir de la crisis, y en los EE UU se lanza la New-Deal, o el aumento del gasto privado por medios propagandísticos. A partir de entonces el valor de la moneda y la economía dependerá de la confianza de los inversores en el sistema productivo, y en la posibilidad de hacer negocios en el país.

La recuperación de la inflación y de los capitales es muy lenta, y no se invierte la tendencia hasta 1933, aunque los efectos de la crisis llegarán hasta 1939 y el comienzo de la segunda guerra mundial.

La recesión actual podría hacer que aumenten los suicidios, temen los especialistas estadounidenses de la Salud Pública, que evocan el espectro de la crisis de los años 1930 y su seguidilla de dramas humanos.

La muerte el martes de Thierry de la Villehuchet, un inversor francés que puso fin a su vida en Nueva York tras verse arruinado por el fraude de Bernard Maddoff, volvió a generar el miedo de una ola de suicidios en Wall Street, como consecuencia del “jueves negro “, que por otra parte es más mito que realidad.

“En períodos de recesión, el índice de suicidios tiende a aumentar. Esto se vio en 1929 y en los años que siguieron”, observó Ron Maris, ex director del Centro sobre Suicidios en la Universidad de Carolina del Sur. Las líneas de teléfono “SOS suicida” se han visto rebasadas en los últimos meses.

“Comprobamos un aumento del número de llamados”, dijo Marshall Ellis, de la asociación CrisisLink que cubre la región de Washington y recibe por término medio 2.300 consultas al mes.

En octubre, justo después del principio de la crisis provocada por la quiebra del banco Lehman Brothers, el número de llamados a CrisisLink sufrió un aumento de 132% con relación a octubre de 2007, precisó. Sobre los cinco últimos meses, el aumento alcanzó 81%.

“La gente está angustiada por lo que pasa. Están desconectados (de la sociedad) y expresan su miedo”, observa Ellis. “Ciertas personas dicen que tienen miedo a perder su trabajo y otros explican que tienen cada vez más malestar sobre la poca posibilidad de encontrar trabajo”.

En 1929, la quiebra de la bolsa, el llamado “jueves negro” del 24 de octubre, dio lugar al mito del inversor que saltaba de un rascacielos para poner fin a sus días. Los periódicos de la época muestran de hecho que sólo dos de ellos se mataron en Wall Street en los últimos meses de 1929.

Hoy, como en aquella época, el salto al vacío queda sin embargo en segundo lugar entre los suicidios en Nueva York, con 40% del total, según Maris.

El propio Winston Churchill contribuyó a la leyenda. El futuro primer ministro británico, que se encontraba en Nueva York en el momento de la quiebra, dijo al Daily Telegraph en diciembre de 1929 que vio a un hombre arrojarse desde un piso 15. El desgraciado “quedó hecho añicos”, relató.

Es sin embargo verdadero que el índice de suicidios explotó en los años 1930, en una época cuando la crisis puso a un cuarto de los estadounidenses en el paro. Este índice alcanzó un pico en 1932, 21,3 cada 100,000, cerca del doble de 1920 (12,3 cada 100,000).

El índice de suicidios, calculado de otro modo hoy, era 11 cada 100,000 en 2005 (última estadística disponible según el Centro nacional de prevención de las enfermedades), una cifra globalmente estable desde principio de la década y que coloca a Estados Unidos en la media mundial, según Maris.

Es siempre difícil de establecer la causa de un suicidio. “Son múltiples”, recuerda el experto, que subrayó que los factores económicos tienden a debilitar a las personas ya vulnerables por otras razones (alcoholismo, toxicomanía, enfermedad).

Pero una baja súbita de rentas también puede jugar su papel.

“El dinero permite cuidar su depresión”, explicó Maris. “Podemos viajar y tenemos más relaciones con toda una multitud de allegados simplemente porque somos ricos”.

“Podemos sospechar que la gente que perdió mucho dinero presenta un riesgo”, añadió.

Por German Lizcano.

Politico

marzo 15, 2009 - Escribir una respuesta

La enumeración de los principales puntos del Tratado de Versalles da una idea del rigor con que las potencias vencedoras impusieron su mandato.

1) Alemania perdió el derecho de poseer un ejército, excepto 90.000 soldados y 4.000 oficiales; los efectivos eran alistados por el término de doce años y, si alguno de ellos moría durante ese lapso, no podía ser reemplazado; se eliminaba también el estado mayor; quedaba suprimida la artillería pesada, la aviación militar y se debían desmantelar todas las fortalezas y los puertos militares; se prohibía la fabricación de armas y se establecían comisiones aliadas de contralor.

2) Sólo se permitía a Alemania conservar seis cruceros de 10.000 toneladas cada uno, igual cantidad de 6.000 toneladas, doce destructores y doce cañoneras; quedaba suprimida la flota submarina; los puertos marítimos, así como también los ríos Danubio, Rin, Elba y Oder eran declarados abiertos a las naves de las potencias aliadas, sin que fuera necesario el permiso de Alemania.

3) Alemania resignaba todas sus colonias sin excepción y quedaba prohibida la construcción de cualquier clase de fortificaciones en la orilla izquierda del Rin v en un franja de 50 kilómetros al este del mismo río. De tal manera, el país quedaba a merced de cualquier potencia de segundo orden, como Polonia o Checoslovaquia. La existencia de Alemania ya ni dependía de sí misma, sino de la voluntad de los otros.

En cuanto a las pérdidas territoriales. Alsacia y Lorena se anexionaban a Francia que, además, ocupaba por 15 años la región del Sarre. Luego de este período, se decidiría por plebiscito a quién pertenecería en el futuro ese territorio. Si el Sarre volvía a Alemania, ésta debía indemnizar a Francia en divisas oro por la restitución de los yacimientos carboníferos allí existentes. Polonia recibía una parte de la Alta Silesia (otros distritos pasaban a Checoslovaquia), Posdan, casi toda la Prusia Occidental y algunos distritos de la Pomerania. Danzig era declarada ciudad libre. Entre Francia y el Imperio Británico se repartían todas las colonias de Alemania. La primera recibía casi todo el Camerún y gran parte del Togo; Inglaterra tomaba posesión de África Oriental y Occidental, las partes restantes del Togo y Camerún, las islas Samoa y de Nueva Guinea Las pérdidas constituían alrededor del 17 por ciento del territorio europeo alemán.

Por otros puntos del tratado, Alemania entregaba toda su flota mercante de calado superior a las 1.600 toneladas, la mitad de las naves de calado inferior, el 25 por ciento de los pesqueros y el 120 por ciento de las embarcaciones fluviales. Además, se comprometía por el término de cinco años a entregar anualmente una parte de los nuevos barcos que construya. Debía suministrar durante diez años más de 40 millones de toneladas de carbón a los aliados; entregaba a Francia y a Bélgica 371.000 cabezas de ganado, de las que 141.000 eran vacas lecheras. En la posguerra, esta imposición resultaba particularmente dolorosa. Todavía antes de conocer el monto exacto, debía comprometerse a abonar cualquier suma de dinero que le fuera exigida antes del 1° de mayo de 1921. Alemania aceptaba conceder a las potencias victoriosas la cláusula de nación más favorecida en las tarifas aduaneras, sin ningún tipo de reciprocidad.

El Tratado de Versalles, que llena un grueso volumen de exigencias, ponía como garantía de cumplimiento la ocupación por quince años de todo el territorio alemán situado a lo largo de la orilla izquierda del Rin. Los gastos de mantenimiento de las tropas aliadas asignadas a esta función corrían a cargo de Alemania, por supuesto. La violación de cualquiera de las cláusulas del tratado, importaba para Alemania duras sanciones adicionales. Se formó una Comisión de Reparaciones, que tenía poder para realizar allanamientos, registros e investigaciones en cualquier momento y lugar. Según una lista que presentaría la Entente, debían entregarse a los aliados a todas aquellas personas que habían violado el derecho internacional. En este sentido, se hacía a Alemania única responsable de la guerra.

Somos condenados no sólo a la impotencia política, sino también a la ruina económica y a la servidumbre“, dijo un representante germano. Ni bien se tomó conocimiento en Alemania de las condiciones del Tratado, se decretó una semana de luto nacional, a la vez que se realizaban demostraciones contra la firma. Pero Clemenceau no cedió en nada importante. Sabía que no podían oponerse a su mandato. En el Weimar se vivía el más grande abatimiento. El primer ministro Scheidemann dimitió el 21 de junio y fue designado jefe del gabinete el socialdemócrata Bauer. Un día después la Asamblea Nacional de Weimar votó sobre la firma del Tratado: por 237 votos contra 138 se resolvió acatar el mandato de los vencedores haciendo dos reservas: se negaba a reconocerse como única responsable de la guerra y se negaba a entregar a la Entente a sus ciudadanos acusados de crímenes contra el derecho internacional. Clemenceau replicó que no se aceptaba ninguna concesión. Así, tal como fue establecido por los aliados, se firmó el tratado el 28 de junio de 1919, en Versalles.

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De izquierda a derecha, el Primer Ministro David Lloyd George del Reino Unido, el Primer Ministro Vittorio Emanuele Orlando

Por otra parte la batalla que puso fin a la Primera Guerra Mundial terminó bruscamente. Los comandantes alemanes Hindenburg y Ludendorff se dieron cuenta de que no podían ganar: estaban rodeados por los aliados, el descontento cundía en las ciudades alemanas y había síntomas de subversión en el frente.

Cuando Ludendorff comunicó a sus hombres la rendición, los oficiales se quedaron boquiabiertos. El coronel Albrecht von Thaer escribió: «Sus palabras tuvieron un efecto inenarrable. Mientras Ludendorff hablaba, se podían escuchar sollozos y quejidos… Yo estaba a la izquierda del director general von Eisenhart. Nos dimos la mano de forma instintiva… Casi se la destrozo… Le dije: «Excelencia, ¿es eso cierto?» Ludendorff permaneció impasible y, esbozando una triste sonrisa, me dijo: «Desgraciadamente sí. Así están las cosas y no veo otra salida».

Pero el alto el fuego llegó demasiado tarde para algunos. El poeta Wilfred Owen había muerto una semana antes y sus padres recibieron la noticia en su casa de Oswestry, justo cuando las campanas tocaban para celebrar el Armisticio. El soldado Louis Harris, de Leeds, que había servido dos años en el frente, fue fusilado por deserción cuatro días antes del Armisticio. El sargento D’Heller, del 415 Regimiento francés, que había retrasado su permiso para ir a ver a su hijo recién nacido, «porque no era el momento de abandonar a sus compañeros», fue asesinado la noche del 10 de noviembre.

La misma mañana del 11 de noviembre se produjeron algunas bajas, a pesar de que la noticia del alto el fuego se propagó con gran rapidez. A algunos no les gustó nada. Gunner Worsley, de la Artillería Real, estaba en ese momento en la casa de una mujer francesa y afirmaba: «La mujer no quería que la guerra terminara. Seguía gritando: “¡Berlín, Berlín!” como si nos hubiéramos rendido demasiado pronto. Quería venganza. Le contesté que yo hubiera podido morir y me dijo: “Ça ne fait rien” (no importa).

Algunos creían que todavía tenían que demostrar algo. Cerca de Verdún, la batería del capitán de artillería del Ejército norteamericano Harry Truman, que después sería presidente, siguió disparando hasta las 10:45 de la mañana. Estaba probando unos proyectiles de largo alcance. A las 11.00 en punto, un pelotón del segundo destacamento de Middlesex estaba situado justo enfrente de una posición alemana: «No nos resultó fácil convencer a los hombres de que no debían atacar. Ellos decían que no se enteraría nadie y que era una lástima no matar a unos cuantos alemanes más».

En Lessines, el general de brigada Bernard Freyberg dirigió una carga de caballería a las 10:55 y escribió a Churchill diciendo: «Ha sido la mejor forma de acabar mi guerra, persiguiendo alemanes por las calles, estoy seguro de que le hubiera gustado». Se le otorgó un galón más por esta última acción.

En el frente, el escritor John Buchan estaba con las tropas sudafricanas: «Dos minutos antes de que dieran las 11.00… vieron una ametralladora alemana. Después de disparar una cinta entera, el soldado se levantó, se quitó el casco, saludó y se fue andando a la retaguardia».

Dos minutos antes del alto el fuego, fuera de la ciudad de Mons, el soldado canadiense George Price se agachó para coger las flores que le ofrecían unos niños belgas. Se quitó el casco y un francotirador alemán le disparó a la cabeza. Se cree que fue la última baja de los aliados. La reacción al alto el fuego no produjo el mismo efecto en todo el mundo: «Hasta que Alemania no presente su rendición incondicional, sería un gran error abandonar», escribió el capitán F.S.G. Barnett en una carta a su familia. «Dos victorias en un día», escribió un soldado australiano. «Hemos ganado la guerra y hemos derrotado a la Quinta Compañía de Operaciones en un partido de fútbol, así que la noticia del Armisticio ha pasado a un segundo plano».

El cabo Flowers de la sección de transporte motorizado había conseguido salir vivo de la contienda. «Estábamos todos los compañeros, celebrando la buena nueva, hablando… El oficial se acercó a mí y me dijo que tenía que hablar conmigo. Una vez en su despacho me preguntó: “¿Ha tenido noticias de su mujer estos últimos días?” Le contesté que había recibido una carta el día anterior en la que me decía que se había ido a cuidar a su madre, enferma de gripe…. y me cortó. Le dije: “No irá a decirme lo que estoy pensando”.”Me temo que sí. Tengo aquí un telegrama en el que dice que ha fallecido”. Me desmayé en sus brazos».

En París, el primer ministro George Clémenceau, de 77 años, se fundió en un abrazo con su eterno rival, el presidente Raymond Poincaré, y gritó: «¡Hoy he besado a más de 500 chicas!».

En St. Hippolyte du Fort, Marcel Barral recuerda: «Las campanas empezaron a tocar… Los alumnos salieron de las clases y se precipitaron a la tienda de Lamouroux… Compraron todo tipo de petardos y cohetes».

Pero uno de los chicos estaba triste: «Todos estáis contentos. Vuestros padres van a volver, pero el mío está muerto».

En un hospital militar alemán, Adolf Hitler, que se recuperaba de un ataque aéreo que le había dejado temporalmente ciego, se retorcía en su cama: «Metí la cabeza debajo de las sábanas… Todo había sido en vano… Aquellas noches sentí un gran odio. Odiaba a los que eran responsables de aquella rendición… Esa noche decidí que si recobraba la vista, me metería en política».

Por Luis Carlos Ramirez.

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